lunes, 13 de marzo de 2017

Bajón Nocturno


BAJÓN NOCTURNO

La playa está desierta y recoge los últimos ecos de la distancia. A lo lejos, la espuma languidece como un sauce mientras las olas reparten furiosamente un dolor extraño entre bramidos. Miro alrededor. Todo sigue casi igual pero la soledad del paraje me produce una sensación de desasosiego. Me oprime el pecho. El mundo se ha ido, un desastre lo ha hecho desaparecer y solo queda este vestigio de orilla, la marea torpe que nos ha tocado vivir y una enorme luna de plata. Está oscureciendo. Regreso al asfalto despaciosamente, sin mirar atrás. El planeta se transforma. La noche despierta con sus miles de sonidos y cae pesadamente sobre los hombres. Las luces de neón hacen guiñadas cómplices a los transeúntes mientras un viento temible y helado enfrenta las ventanas. El suburbio se inflama con las luciérnagas de la publicidad. Las prostitutas chistan a los marineros coreanos que pasan mirando de reojo. En la metamorfosis nocturna, la ciudad se eriza de misterios. Calles como venas que recogen los colores del mercurio, surcos que enredan una ciudad abrazada de playas. Aromas mezclados de salitre y humo. Las estrellas alumbran el trago compartido de los amantes mientras algunos borrachos comprenden el infierno. (Ese dolor que desmenuza sus furias les advierte que el verdadero tormento puede ser esta acrobacia inútil de la vida; una suerte de pena tartamuda y sin anestesia). En los rincones de la noche se escucha un tango gris sintonizado en la piel como una bebida fuerte. De pronto, la mordedura de un relámpago envenenado golpea profundo y nuestra sangre repasa la tristeza de lo efímero. Se apagaron las mejores luces y estamos solos en medio de la tormenta. Ahora, esa soledad se percibe como un animal que muestra los dientes. Parece que uno quedara acorralado. Apenas quedan algunos amuletos descorazonados que postergaron su magia escandalosa en la lluvia. Como si todas las fantasías se dieran de cabeza contra el callejón, se borronea la vida. ¿Qué ha quedado? ¿Un lejano cine de barrio? ¿Aquella muchacha de quince años y un delicado camafeo? ¿La borrachera compartida en Salamanca? ¿El castillo de arena de Tally? ¿Las manitas de mis hijos detrás del escenario de títeres? ¿Seré como el replicante de Blade Runner que, al morir, sabe que todos sus recuerdos se perderán como lágrimas en la lluvia? Solo queda hacer de tripas corazón y seguir camino.
("La revancha y otros cuentos". Gustavo Iribarne; Editorial "Yaugurú")

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